El pasado 29 de abril, vivimos algo que va mucho más allá de una gala.
En el Real Alcázar de Sevilla, nos reunimos como lo que somos: una comunidad comprometida con mejorar la vida de los demás.

No fue solo una cita en el calendario.
Fue el reflejo de meses de trabajo, de ilusión compartida y de una forma muy concreta de entender el compromiso social.
Un año más, conseguimos reunir a representantes del ámbito empresarial, institucional y social en torno a un objetivo común: apoyar la investigación de enfermedades raras y seguir impulsando nuestra obra social.
Sabíamos lo que queríamos conseguir.
Y lo conseguimos.
Tal y como recogieron distintos medios, la gala volvió a consolidarse como una cita clave en la ciudad, logrando no solo recaudar fondos, sino también generar conciencia y movilización en torno a esta causa .
Uno de los momentos más importantes de la noche fue la entrega del V Premio al Espíritu Rotario a Banco Santander, recogido por D. Manuel de la Cruz.

Para nosotros, este premio no es solo un reconocimiento.
Es una forma de señalar el camino.
De poner en valor a quienes entienden que la empresa también tiene un papel clave en la sociedad. Que crecer implica también contribuir.
Y esa noche, ese mensaje se sintió con fuerza.
Desde el primer momento, sentimos que algo especial estaba ocurriendo.

Las voces del Coro del Yago School nos conectaron con la esencia de la gala.
La música oriental de Kaede acompañó cada instante con una sensibilidad que transformó el ambiente.
Pero lo más importante no estaba en el programa.
Estaba en las personas.
En cada saludo.
En cada conversación.
En cada mirada cómplice entre quienes compartíamos un mismo propósito.
Nada de esto habría sido posible sin el trabajo y la implicación de todo el equipo. Y, especialmente, sin el liderazgo de nuestra presidenta, Ángeles Casquero.
Su forma de entender Rotary —más cercano, más visible y más conectado con la realidad— ha sido clave para que esta gala no sea solo un evento, sino una experiencia con sentido.
Nos ha empujado a ir más allá.
A cuidar cada detalle.
A recordar constantemente por qué hacemos lo que hacemos. Y eso se notó. bLa noche terminó como tenía que terminar.
Con un brindis que no fue un simple gesto, sino una declaración colectiva. Un momento en el que todos, de alguna forma, fuimos conscientes de lo que habíamos conseguido juntos.

De que cada uno de nosotros forma parte de algo más grande.
Porque lo importante no acaba aquí.
Los fondos recaudados se convertirán en ayuda real.
En investigación.
En apoyo a familias que lo necesitan.
Y ahí está el verdadero sentido de todo esto.
Una semana después, seguimos sintiéndolo.
Siguen resonando las voces del coro.
Sigue la música.
Siguen los recuerdos de esa noche.
Pero, sobre todo, sigue la certeza de que cuando trabajamos juntos, somos capaces de generar un impacto real.
💙 Esto es Rotary.
Y esta es la razón por la que seguimos.




























